sábado, 16 de marzo de 2013

Només vull tocar(te)
totes les textures que m'envolten,
tots els relleus que et pertanyen.

M'agrada estimar les teves rareses,
m'agradaria que m'acariciessis les pestanyes
per fer-me saber
que tu també estimes les meves.

Enyoro veure ple el buit que queda al matalàs cada vespre
si no estas aquí per envoltar-me amb la teva pell i així
poder acariciar(te) tots i cadascun
dels relleus que et pertanyen.

jueves, 7 de marzo de 2013

Jamás se te ocurrió hacerme el amor con la mente,
ni trazar en mi brazo frases con el índice.
Tampoco pensaste que quizás estaba ansiosa por salir de aquí,
o por leer tu último relato o ensayo del fin del mundo.
Supongo que no eras consciente de todo el ruido en mi cabeza,
ni de las ganas que tenia de soldarnos.

Y aún así te echo tanto de menos
que no puedo dejar de cerrar los puños
cada vez que me preguntan por ti,
o por (nos)otros.
Empiezo a echar de menos
a ti sobre el colchón,
a tus ojeras de trasnochador,
al sofá de palets,
el café con leche en la plaza,
y supongo, también,
a tu peculiar manera
de querer(me).

lunes, 4 de marzo de 2013

Que bien. Que sí. Que ahora tengo vacías hasta las cuencas de los ojos.
Que yo siempre soy herida
y los demás
cuchillo.

Que oigo como algo se rompe. Todas las noches. Alrededor de las tres.
Que la música suena con eco,
en mi cabeza,
sin ti.

Sólo pienso en crecer. Para no morir. Para irme, lejos.
Nunca estoy donde quiero estar,
sobretodo de madrugada
cuando ni siquiera el Sol arde
y me pican los ojos al mirarlo
porque mis pestañas aún están dormidas.

Ha sido una noche muy larga. Llena de humo. Y de cosas que apestan.
De dos besos falsos antes de irnos
a esnifar la noche
por si mañana no volvemos a reír
o por si mañana estás menos
que hoy.

martes, 6 de diciembre de 2011

Mon petit cabroin

Volviendo a casa me he cruzado con amantes que salen cuando ya es oscuro, agarrados del brazo, a improvisar por la calle. Me parece una de las estampas más tiernas del otoño junto con los marrones de las hojas en el suelo que crujen al andar. Me viene a la cabeza (como flashbacks en cadena) la tarde en la que andábamos a pasos gigantescos y llegamos a la playa sin darnos cuenta, a aquella playa de mediados de primavera, cuando aún llevábamos abrigo pero necesitábamos gafas de Sol para protegernos tanto los ojos como aquello que no nos decíamos al hablar. No nos agarrábamos del brazo, pero andábamos dentro de la misma burbuja. Consumíamos demasiado oxígeno para el tamaño que tenía.

Algo me dice que sólo lo olvidaré cuando estés bien, cuando consigas curarte y sienta que ya no me necesitas cuando gritas. Supongo que dejaré de querer salvarte en el momento en que no tengas nada que salvar, en el momento en que un ático sea mucho más eficaz que yo, en el momento en el que te des cuenta de que las rubias no poseen superpoderes, me de cuenta de que yo también me he salvado. Lo único que consiguen tus ganas suicidas de terminar temprano el día es augmentar mis ansias de lanzarte un chaleco salvavidas.

Hasta entonces, ¿qué volem ser, qué volem dir? ¿Cuánto queda para mi próxima combustión? ¿Es esto un bucle sin final o sólo un precipicio más? No quiero caer rodando, no quiero tirarme al vacío, no quiero más cardenales en los tobillos. No quiero seguir salvando náufragos sin navío.